Hace unos días tuve el placer de hacer las fotos a un buen amigo en un día muy especial para él. Hoy por fin, después de una larga espera y algunos vaivenes, nos hemos reencontrado y le he podido entregar las fotos. Una experiencia diferente a bodas y comuniones aunque se siga tratando de hacer fotos dentro de una iglesia. Y es que el rito del Orden Sacerdotal tiene sus peculiaridades. En fin, que a pesar del incienso que tiró por tierra todas mis mediciones previas; de la competencia que me miraba algo molesta; y de incluso alguna pequeña regañina con la que me impidieron hacer alguna de las fotos que llevaba pensadas; a pesar de todo eso, fue un día especial. Muchas gracias Javier ( o Don Javier, o páter o… ¿cómo te tengo que llamar ahora?)
Bueno, seguimos disparando!

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